¿Cuán argentino es el fútbol argentino?

¿Cuántas provincias están representadas en el fútbol grande? ¿Se puede hablar de competencias federales? Hagamos un repaso por la última década.

El año 2020 se despide, entre otras cosas, con una copa ad hoc (la Copa Diego Armando Maradona) creada en Primera División para sortear un momento de transición de cara a la configuración de un nuevo campeonato oficial. Terminada la fase de grupos, el mejor equipo fue Atlético Tucumán que ganó los seis partidos de su zona, incluyendo dos triunfos frente a Racing.

Esta nueva actuación del equipo “Decano” nos sirve como disparador para analizar una realidad que desde la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) hace un tiempo se viene planteando: la necesidad de la federalización de las competencias. Una idea que busca remendar un problema estructural histórico, donde los clubes de Capital Federal y el área metropolitana siempre tuvieron mayores oportunidades.

Un poco de historia

El origen del fútbol profesional en nuestro país tuvo su epicentro en Capital Federal y alrededores. Desde 1931 y hasta 1967 los equipos que competían en las máximas categorías eran de esa región y los clubes de otras provincias tenían que remitirse a sus ligas locales. Hasta ese entonces, sólo los rosarinos Newell’s y Rosario Central y los santafecinos Colón y Unión habían tenido roce en la élite.

En efecto, en 1967 (casi cuarenta años después) se crearon los torneos Nacionales que les permitían a los equipos de todo el país poder jugar un campeonato junto con sus pares metropolitanos, previa clasificación en fases regionales. Y recién en 1986 también el sistema de ascensos y descensos incluyó la incorporación de cupos provinciales, al crearse el torneo Nacional B (hoy llamado Primera Nacional).

Sin embargo, hace exactamente diez años, para la temporada 2010/2011, el cuadro de representatividad en Primera División era claramente desigual: el 80% de los competidores pertenecían a lo que hoy damos en llamar el AMBA, sólo 4 equipos de 20 no provenían de esa región.

Por eso, con el correr de los años las distintas dirigencias fueron planteando la necesidad de reestructurar los campeonatos, para tratar de favorecer una participación más federal. Así es que, si tomamos la suma total de los dos certámenes más importantes (Primera División y Primera Nacional), de 2010 a 2020 se pasó de 40 equipos a 53. Ahora bien, la pregunta es: ¿ese aumento de cupos favoreció efectivamente que más equipos de otras provincias pudieran llegar a la élite? ¿o acaso se amplió la brecha con los clubes del AMBA?

De Usuahia a la Quiaca

Antes de desarrollar el análisis, es importante presentar hacer algunas consideraciones. Lo que hicimos fue estudiar la representatividad de las provincias argentinas en las dos máximas categorías de nuestro fútbol, teniendo en cuenta que se trata de las divisiones más importantes y además las únicas en las que la participación es totalmente nacional, puesto que desde la tercer división de ascenso para abajo, la estructura se divide entre competencias “metropolitanas” por un lado (B, C y D) y del resto del país por el otro (Federal A y Torneo Regional Amateur).

Entonces, tomamos un rango de diez años y observamos, en cada temporada, cuántos equipos por provincia competían en dichos torneos. A los fines clasificatorios, decidimos adoptar los conceptos de AMBA y Provincia de Buenos Aires, que además coinciden con los clubes de mayor tradición en el fútbol grande, como los dos de La Plata por ejemplo, en comparación con aquellos de ciudades como Bahía Blanca o Tandil que han tenido algunos momentos de logros deportivos, pero suelen ser más inconstantes.

El primer escenario no es del todo promisorio, puesto que actualmente del total de equipos entre las dos categorías, el 80% está concentrado sólo en 4 provincias, y más de la mitad se corresponde con el AMBA (31 clubes de 56). 

Porcentaje de distribución geográfica de los clubes

de Primera División y el Nacional en 2020

Fuente: elaboración propia. Diseñado en Infogram

Sin embargo, hay dos tendencias diferentes según qué división observamos. En la “A”, desde 2010 hasta la actualidad se ha ido emparejando la representatividad y de aquel 80%-20% inicial, hoy estamos en un 54%-46%. Este equilibrio relativo significó que, por ejemplo, en los últimos años hayan competido equipos de Misiones, Entre Ríos y Santiago de Estero, provincias generalmente ajenas a este nivel.

Pero el caso más llamativo es el de la segunda división, donde la tendencia se dio vuelta pese a los intentos de hacerla más federal. En efecto, durante gran parte de la década la distribución de clubes fue desigual al revés, por así decirlo, puesto que prevalecían los equipos provinciales. En 2015, por ejemplo, sólo 5 de 22 eran de AMBA. Pero en las últimas dos temporadas se modificó la situación y al día de hoy el 53% es de esa región contra un 47% del resto del país.

Lo más curioso es que la diferencia recién mencionada de 2015 se produjo por una desigual creación de nuevos cupos: 7 para las provincias y 3 para AMBA. Esto generó lógicamente un desequilibrio que sin embargo, con el correr de los campeonatos, se fue equiparando y acabó por revertirse a mediados del año pasado con otro reparto diferente de plazas, 5 para AMBA y 2 para el resto.

Evolución del porcentaje de representación de AMBA

y el resto del país en Primera División 2010-2020

Fuente: elaboración propia. Diseñado en Infogram

Evolución del porcentaje de representación de

AMBA y el resto del país en el Nacional 2010-2020

Fuente: elaboración propia. Diseñado en Infogram

Más difícil que llegar, es mantenerse

Esta frase tan habitual en el mundo del deporte, que da cuenta de la importancia de poder asentarse cuando uno consigue un gran objetivo, encaja perfectamente con la situación de la mayoría de los clubes provinciales que, luego de llegar a las máximas divisiones, suelen sufrir y regresar rápidamente sobre sus pasos.

Si observamos el total de las provincias representadas hoy en día en ambas categorías y lo comparamos con lo ocurrido hace diez años, vamos a encontrar que Santiago del Estero es la que mejor crecimiento tuvo, un 200%, sencillamente porque en este período Central Córdoba y Mitre pudieron formar equipos competitivos y sortear las instancias de ascensos regionales. El “Ferroviario”, incluso, llegó a disputar la final de la Copa Argentina 2019 contra River

En segundo lugar aparecen los clubes de la Provincia de Buenos Aires, que de 2 representantes pasó a tener 5 en la actualidad (un incremento del 150%); en tercer lugar Córdoba, que contaba con 2 en 2010 y ahora tiene 4 (un 100% más) y en cuarto Mendoza, que pasó de 2 a 3 (50%).

En contrapartida, Corrientes es la provincia que más perdió en esta década ya que Boca Unidos, su único representante en 2010, descendió hace algunos años. Y Santa Fe también cedió un cupo, pasando de 6 a 5. En el medio, San Luis y Misiones también vivieron momentos de representación en la élite de nuestro fútbol, pero fueron muy fugaces.

Evolución del porcentaje total de representación por región en 2010 y 2020

Fuente: elaboración propia. Diseñado en Infogram

Esto nos abre un interrogante: ¿qué se necesita para mantenerse en lo más alto del fútbol argentino? Y la primera respuesta que cualquier persona en el ambiente del fútbol dirá es la capacidad de financiación. En efecto, competir en Primera o en el Nacional supone grandes presupuestos salariales, además de la necesidad de solventar gastos de viajes, hospedajes, operativos policiales, etc. Por eso, además del ingreso de dinero de las empresas que poseen los derechos de televisación y las cuotas de las masas societarias, adquiere un importante valor la capacidad de gestionar sponsors que permitan cubrir las erogaciones.

Pero eso sólo no es suficiente. Si únicamente la capacidad económica fuese la premisa que supondría la posibilidad de competir al más alto nivel, sería plausible pensar que en aquellas regiones donde mayor desarrollo socioeconómico hay, sus clubes podrían tener ventajas. Sin embargo, si nos guiamos por el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2017 que elaboró el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, vamos a encontrar entre los primeros puestos a provincias que ni siquiera tuvieron equipos en las máximas categorías en la década pasada.   

Por lo tanto, pese a ocupar lugares destacados, ni Neuquén (5º en el ranking), Santa Cruz (6º) y Río Negro (8º) pudieron conseguir competitividad en sus clubes hasta el momento. Y más elocuente aún es que Santiago del Estero, que ocupa el último lugar del Índice de Desarrollo Sostenible Provincial, cuenta actualmente con dos equipos en la élite, como hemos mencionado.

Por eso, es dable pensar que también otros factores influyen a la hora de construir procesos estables de participación en los campeonatos más importantes. Y quizá uno de ellos tenga que ver con la estructuración de los clubes y el vínculo con sus entornos.

Construir a largo plazo

Un dato que nos permite acercarnos a esta línea es que las regiones más representadas futbolísticamente en 2020 son aquellas con mayor densidad poblacional. Como dijimos al comienzo del artículo, el 80% de los clubes de Primera y el Nacional son de cuatro áreas geográficas: AMBA (55%), Provincia de Buenos Aires (9%), Santa Fe (9%) y Córdoba (7%). Ellas también ocupan los primeros lugares de densidad poblacional del país según el Censo 2010

Antes de continuar, vale hacer una aclaración. El censo organiza el ranking por conglomerados y en los casos de Santa Fe y Córdoba, lo hace observando sus capitales. Nosotros en nuestro análisis de Santa Fe incluimos a los equipos de Rosario, ciudad que también posee una gran concentración urbana. Y en cuanto a Córdoba, la mayoría de los clubes que están en la élite son efectivamente de su capital, aunque es importante resaltar que San Francisco tuvo representatividad hace algunos años y por estos días Río Cuarto cuenta con Estudiantes en el Nacional.

Entonces, lo que nos lleva a pensar esta estadística es que al haber más población, quizá pueda haber mayores posibilidades de crear estrategias de crecimiento sostenido. Por ejemplo, se puede contar con un amplio trabajo en las divisiones inferiores, que permita el desarrollo de jugadores desde edad temprana para luego poder insertarse en el fútbol profesional (y más aún pensando que una futura venta podría significar ingresos económicos extras). Además, estas ciudades suelen atraer a jóvenes de otros lados, con lo cual la posibilidad de contar con numerosos grupos de jugadores es mucha.

Por otro lado, también las masas societarias pueden verse significativamente engrosadas en conglomerados de alta densidad. Por supuesto que, para ello, las instituciones tienen que estar a la altura y ofrecer una vida de club que exceda al fútbol: la práctica de múltiples deportes, piletas, quinchos, desarrollo de experiencias educativas, actividades sociales, etc.

De cualquier forma, volviendo al factor económico, no es menos cierto que AMBA, Córdoba, Santa Fe y la Provincia de Buenos Aires son regiones donde también se asientan las fábricas y empresas agrícolas ganaderas más importantes del país, por lo cual se convierten en una gran opción para conseguir auspiciantes. Un buen ejemplo de ello es Atlético de Rafaela (hoy en el Nacional), cuyo máximo sponsor es la lechera SanCor, que se expandió a rubros como los servicios de seguro.

De manera tal que para los equipos del resto del país el gran desafío es, por un lado, poder generar divisiones formativas de calidad en el contexto poblacional en el que están inscriptos, atraer la mayor cantidad posible de personas que se quieran hacer socias (engrosando así los ingresos mensuales) y, además, conseguir apoyo económico en el sector privado y/o el Estado. Poder reunir todas esas condiciones es bastante difícil, o al menos lo es mantenerlo a lo largo del tiempo.

Un caso elocuente de ello es Crucero del Norte, de Misiones. Ubicado en Garupá, una ciudad colindante con Posadas, tuvo durante muchos años todo el aporte financiero de la empresa de transportes, con lo cual pudo construir un gran estadio y contar con un presupuesto salarial importante para atraer a jugadores y entrenadores. Así fue que en 2012 llegó al Nacional y en 2015 a Primera División, también con ciertas ayudas económicas del estado provincial. No obstante, antes de comenzar a disputar el certamen de la máxima categoría, un cortocircuito político entre el presidente del club y el gobernador de Misiones, hizo que se quitara el auspicio estatal. 

Allí comenzaron una serie de inconvenientes de gestión institucional y de dinero, que incidieron en dificultades para afrontar de la mejor manera la alta competencia, llevándolo a dos descensos (2015 y 2017) y alejándolo rápidamente de los grandes logros que había conseguido.

Crucero en 2015 jugando en Primera División. Su rival en esta imagen fue San Martín de San Juán.

Por último, como mencionamos anteriormente, es interesante el caso de Santiago del Estero que hoy cuenta con dos clubes en lo más alto. De manera breve, podemos mencionar que Central Córdoba percibe un muy importante apoyo estatal provincial, mientras que Mitre sustenta su financiamiento en gran parte gracias a la empresa de gaseosas Secco, cuyo dueño es el presidente de la institución. Lo importante, en todo caso, es que puedan aprovechar este tiempo de bonanza para construir mecanismos que les permitan consolidar el buen momento y pensar en el largo plazo.

El desafío es de AFA, pero no solamente

Lo que quedó claro en el último decenio es que, en todo caso, es difícil forzar una federalización del fútbol argentino sólo por asignarles más plazas a los clubes provinciales (llamados habitualmente “no directamente afiliados”). La segunda división es el caso testigo, ya que pese a todos los esfuerzos, la tendencia se está revirtiendo y hay una mayoría de equipos de AMBA, como ocurre en la Primera.

Por eso, es probable que haga falta otro enfoque del problema. Por un lado, los clubes precisan concentrarse en desarrollar canteras de jugadores que les permitan conformar planteles locales, con sólo algunas incorporaciones costosas necesarias para reforzarse, además de apostar a ventas futuras. 

Y además planificar formas de financiación autónomas, que no dependan tanto de un sponsoreo estatal o privado. En ese sentido, poder sumar socias y socios es una gran apuesta, porque significa pensar en montos fijos de ingresos mensuales.

Lógicamente, estas son algunas ideas que pueden aportar al debate. Todas las estrategias resultarán válidas en tanto y en cuanto puedan consolidar a los clubes, darles rodaje permanente en el gran fútbol y hacerlos competitivos.

Lo importante es no repetir las experiencias efímeras de equipos que, de repente, se encuentran con la posibilidad de jugar en el alto nivel y decaen al poco tiempo por no tener un basamento institucional y deportivo.

En 89 años de historia profesional, de todos los campeones argentinos de Primera División sólo dos no fueron de AMBA: Rosario Central y Newell’s. Ojalá que el día en que empiece a engrosarse esta lista con más representación nacional, esté más cercano que lejano. Ese va a ser un buen momento para nuestro fútbol.

(Nota: las imágenes de los clubes fueron tomadas de sitios oficiales)

Este artículo formó parte de un trabajo final para la materia

“Periodismo de Datos” de la Especialización en Periodismo y Comunicación Digital de Éter

Publicado por Marcos Magaz

Licenciado en Comunicación Social(Universidad Nacional de Misiones) especializado en deportes. DT nacional de fútbol (Asociación Técnicos del Fútbol Argentino). Autor del libro "Como en la cancha. La radiofonía y el fútbol en Posadas", compilador del libro "Profesión y pasión. Memorias de un periodista deportivo misionero" de Carlos García Coni, ambos producidos por la Editorial Universitaria de la Universidad Nacional de Misiones. Relator, comentarista y productor de transmisiones deportivas. Analista táctico.

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